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Ya no hace falta irse a la India o a China para comer gusanos y hormigas fritas. En el mítico mercado de La Boqueria de Barcelona se pueden encontrar los productos más variopintos, incluídos los insectos. Una de sus paradas más emblemáticas es la parada Petras. Entre su extensa gama de productos destacan gusanos, hormigas culonas o grillos tostados, además de unas piruletas con insectos en su interior, no aptas para menores. También se pueden adquirir todo tipo de insectos bañados en chocolate o incluso dentro de una botella de tequila o vodka. Un manjar sólo apetecible para los más aventureros.

Además de toda esta extensa oferta de lo más exótica, Petras también se distingue por su gran oferta en setas. De hecho, muchos extranjeros fotografían sus productos y a veces hay más cola para tomar una instantánea que para comprar. El mercado de La Boqueria es el más concurrido de la ciudad. Ubicado en el corazón de Las Ramblas, se ha convertido en un aparador ideal de la gastronomía de medio mundo, un encuentro de culturas.

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En la para de Petras podemos encontrar una bolsa con una docena de gusanos, con sabor a curry, queso, barbacoa o chile, cuesta tres euros; sal elaborada a partir de gusano rojo de mezcal mexicano, seis euros; escorpiones, a tres euros la unidad, piruletas de hormigas o de gusanos cinco euros, aunque Isaac Petrás espera que los precios vayan bajando a medida que se venda más. Petrás asegura que “los insectos resultan caros porque el proceso de manipulación para que sean comestibles sin ningún tipo de riesgo es costoso”. Los crujientes escorpiones es el alimento que, según él, “levanta más pasiones, pero también más miedos”.

Pero en Barcelona no solamente se venden insectos. En Fruterías Fidalgo, situada en el mercado de Galvany, otro popular recinto de compras de la misma ciudad, podemos encontrar pensamientos, orquídeas lilas, gladiolos, caléndulas, amarillas capuchinas, lavanda, crisantemos, rosas, jazmines, flor de calabacín o violetas para acompañar nuestros platos, ensaladas o postres. Igual que los insectos se venden previamente preparados para ser ingeridos, las flores son cultivadas expresamente para ser comestibles. Estas flores de la frutería no son exactamente como las de las floristerías, ya que, aunque son las mismas especies, se han cultivado sin elementos tóxicos como pesticidas, insecticidas y abonos. “De esta manera, la flor es la misma, pero con la diferencia del tratamiento dado”, ha explicado a EFE Mari Carmen Legaz responsable de la frutería. Mari Carmen Legaz comenta que cada flor tiene su uso y debemos distinguirlos “unas tienen un uso culinario, otras se utilizan para infusiones, mientras algunas dan mejor sabor como condimento y otras son simplemente decorativas”. Su sabor amargo es uno de los inconvenientes para comer este tipo de vegetales, tradicionalmente usados para el arte decorativo. Por esta razón, no se recomienda abusar de su uso en las comidas ya que pueden llegar a ser muy amargas.

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Un paquete de casi una decena de pensamientos puede costar unos cuatro euros mientras que el de orquídeas cuesta siete euros. Y es que, estas últimas, provienen de Costa Rica mientras que la mayoría, cuando las condiciones climáticas lo permiten, se cultivan en la propia zona. “Además de los restaurantes, los clientes solamente las compran en Navidades y en ocasiones especiales” cuenta Mari Carmen. “Las flores que tienen más éxito son los pensamientos, quizás por su precio, ya que vienen de la costa catalana, pero mis preferidas son las orquídeas”.

De esta forma, la ciudad se ha convertido en uno de los centros culinarios del sur de Europa donde más se practica la moda gastronómica de cocinar insectos y flores.

Fuentes: elmundo.es, hosteltur.com

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